Chapter 1: Prólogo 0
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Prólogo
Madison Square Garden, Nueva York
21 de agosto de 2021
—¡Wow! ¡No puedo creer que lo hayamos logrado! —bramó Savvy, intentando que su voz se escuchara sobre el estruendo de miles de fanáticos que abarrotaban el recinto.
—¡Ni yo! —secundó Alice, contagiada por el mismo frenesí—. Por cierto, todavía no sueltas prenda: ¿cómo convenciste a tus padres? Casi me desmayo cuando me llamaste a última hora.
—Sí, bueno... —Savvy titubeó. Una sombra cruzó su mirada, pero la espantó antes de que lograra empañar su efímera victoria—. Eso no importa ahora. Lo único que cuenta es que aquí estamos —gritó a pleno pulmón, estirando los brazos—. ¡Al fin veré a Kevin en persona! Además, les tengo una sorpresa para el final. ¡Después de esto, podré morir feliz!
A sus diecisiete años, el universo de Savvy gravitaba exclusivamente en torno a Kevin Rynolds, el fenómeno del pop juvenil. Para ella, estar allí representaba un acto de rebeldía sin precedentes. Katherine Russell, su madre, jamás toleraba semejantes «frivolidades». Desde que Savvy y su hermana Sammy tenían uso de razón, Katherine las había conducido con mano de hierro por lo que ella denominaba «el mejor camino». Pese a haber crecido en el corazón de Nueva York, las hermanas Russell conocían más de protocolos que de la vibrante ciudad; sus vidas transcurrían en una burbuja de cristal, ajenas a las experiencias que sus amigos devoraban a esa misma edad.
Cuando la noticia de que Kevin Rynolds debutaría en el Madison Square Garden llegó a sus oídos, Savvy lo fijó como su meta absoluta. El deseo de conocerlo palpitaba en ella desde los doce años, pero sus padres, siempre envueltos en su aura de superioridad, nunca hallaron un hueco en sus agendas para llevarla siquiera a un Meet and Greet. Para Savvy, este concierto marcaba el punto de inflexión: el instante de reclamar su derecho a disfrutar.
Le dolía el destino de Sammy, su hermana mayor, quien se había plegado a las exigencias paternas marchándose a estudiar moda a París. Ahora, a un paso de la graduación y con un compromiso matrimonial sellado, Sammy se preparaba para encadenar su vida a Londres. Savvy se negaba a que su historia terminara igual... o al menos eso intentaba creer. Incluso aquí, en medio del calor sofocante de la multitud, Savvy sentía el peso del prestigio familiar.
Mientras otras chicas lucían un maquillaje llamativo, el rostro de Savvy permanecía parcialmente oculto tras una elegante mascarilla de seda —una pieza de edición limitada de la última colección de su madre—. Era un recordatorio asfixiante de quién se suponía que debía ser; incluso su propio aliento estaba filtrado a través de la marca Russell.
Alice y su madre, la señora Hunter, habían batallado durante semanas para que Katherine cediera. La señora Hunter, tan devota del cantante como las jóvenes, consideraba un auténtico milagro haber cazado aquellas entradas VIP. Representaban el regalo de graduación definitivo, un trofeo casi imposible de obtener tras agotarse en segundos y pulverizar todos los récords de ventas. Al fin y al cabo, los Russell no eran cualquier familia. Ostentaban el título de una de las estirpes más elitistas de la Gran Manzana.
En el backstage del emblemático estadio, la algarabía del público moría al chocar con las paredes del camerino de Kevin Rynolds. Allí, el ambiente se sentía denso, gélido. La estrella permanecía petrificada, con los ojos clavados en la pantalla de su celular como si buscara una explicación que no existía. Peter, su manager, recorría la habitación de un extremo a otro, escupiendo gritos al teléfono, mientras el equipo de seguridad intercambaba miradas de desconcierto.
Fuera, en las gradas, el caos empezó a germinar. Los gritos eufóricos mutaron en abucheos y sollozos ahogados. De pronto, un silencio solemne, casi fúnebre, se adueñó del aire. En lugar del ídolo, uno de los organizadores del evento emergió al escenario con el rostro desencajado.
—¡Oh, Dios mío! —chilló una chica junto a Savvy, atrayendo las miradas de los alrededores—. ¡Kevin abandonó el Madison! Es por su novia... ¡Está en las tendencia!
Miles de manos buscaron sus teléfonos. En segundos, la noticia viral golpeó los corazones de los asistentes:
ESCÁNDALO: Casie Grenier, novia del ídolo pop Kevin Rynolds, sorprendida en actitud íntima con un desconocido en las Bahamas. Fuentes confirman que el cantante abandonó el Madison Square Garden minutos antes de su presentación tras enterarse por redes sociales. Miles de fans quedan desolados ante la cancelación de la noche más esperada del año.
—¡Qué hiciste... QUÉ! —exclamó Alice, con el horror dibujado en el rostro.
Savvy no respondió. Permanecía hundida en el asiento trasero del auto, con los ojos hinchados y el rostro encendido por un llanto que parecía no tener fin. La decepción y la tristeza la asfixiaban. No podía procesar que su sacrificio hubiera resultado en vano.
Al amanecer, tendría que partir hacia Europa para iniciar una carrera que detestaba, sin la certeza de volver a pisar Nueva York. Había entregado su libertad a cambio de una ilusión que se desvaneció antes de empezar. Esa noche, Savvy no solo lamentaba un concierto cancelado; lloraba por su vida, por su familia, por sus amigos y por aquel sueño de convertirse en chef y abrir un restaurante con Alice. También, entre lágrimas, se despedía de ese amor platónico que, muy en el fondo, siempre deseó que fuera su única realidad.
Chapter 3: Medidas Desesperadas
Summary:
Un aterrizaje de emergencia y una decisión desesperada. En su afán por escapar de su pasado y llegar a Tenerife, Savvy termina abordando el "cacharro" de un capitán que es todo lo opuesto a lo que ella esperaba.
Notes:
Advertencia de contenido: Este capítulo incluye escenas de ansiedad intensa, un aterrizaje de emergencia y descripciones de una tormenta marítima que pueden resultar angustiantes para algunos lectores.
¡Bienvenidos de nuevo! Tras el impactante final del capítulo anterior, Savvy tiene que tomar decisiones desesperadas. Aquí es donde su mundo de seda empieza a rasgarse de verdad. ¡Espero que disfruten el encuentro con nuestro capitán!
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Capítulo 2
Antes de que sus sentidos pudieran procesar el peso de aquellas palabras, el celular vibró con una llamada de Harry. Savvy, con un movimiento instintivo y disimulado, apagó el dispositivo. Sintió que las piernas le flaqueaban, amenazando con desplomarla sobre el asfalto de la pista. El piloto aguardaba la orden final para el despegue y ella, subiendo las escaleras de la aeronave con una urgencia que rayaba en la desesperación, le apremió para partir de inmediato; no creyó poder enfrentar a su prometido en ese preciso momento, así que rogaba que este no llegara antes de que ya estuvieran en el aire.
Brigett la seguía de cerca, hilando frases que Savvy no alcanzaba a descifrar; los sonidos llegaban a sus oídos como un eco lejano e ininteligible. De repente, experimentó una desconexión absoluta entre su alma y su cuerpo. Los ruidos del aeropuerto se desvanecieron. Savvy operaba, literalmente, en piloto automático.
—¡Savvy! —Brigett agitó una mano frente a su rostro, obligándola a parpadear.
Ya se encontraban a bordo del jet y el capitán acababa de ordenar el uso de los cinturones de seguridad. Savvy apenas emergía de su estupor. ¿Qué significaba ese mensaje? ¿Cómo podía estar pasándole algo así?
—¿Qué pasa? —preguntó ella, esforzándose por recomponer su expresión. Sabía que sus ojos la delataban y a su intrépida amiga nada se le escapaba.
—¡Savvy Caroline Russell Belfort! —El uso de su nombre completo, pronunciado con aquella voz chillona, la devolvió bruscamente a la realidad.
—¿Qué ocurre? ¿Has olvidado algo? —Savvy forzó una sonrisa, haciendo de tripas corazón para evitar que el vuelo se convirtiera en una sesión psicológica a diez mil pies de altitud.
—Yo no he olvidado nada —replicó Brigett con ironía antes de lanzar el dardo… —Pero, ¿has visto ya al nuevo piloto de la señora Greicy?
Se recostó sobre el hombro de Savvy con una sonrisa de niña traviesa. Por un microsegundo, la distracción funcionó y Savvy logró esbozar una sonrisa genuina al escuchar la comparativa detallada entre los atributos físicos del nuevo piloto y los de Tom, el hombre con el que Brigett salía. Finalmente, Savvy logró refugiarse en la excusa de una siesta. Argumentó que la mezcla de la emoción por el nombramiento y el compromiso le había robado el sueño.
Mil pensamientos colisionaban en su mente mientras fingía dormir. Anhelaba evaporarse. No sabía cómo enfrentaría a la sociedad o a sus padres, pero tenía claro que no deseaba volver a ver a Harry Revetlen. El mensaje, enviado por error, iba destinado sin duda a otra mujer.
Unas dos horas y media después de dejar atrás la costa europea, mientras el jet sobrevolaba la inmensidad azul del Atlántico, una voz sacó a Savvy de sus cavilaciones. Las indicaciones del copiloto llegaron entrecortadas a través del altavoz. El avión descendía con una inclinación alarmante; se habían desviado del rumbo debido a una emergencia climática. Savvy le apretó la mano a Brigett, quien despertó sobresaltada.
—¡Tranquila! —respondió Savvy, aunque el corazón le golpeaba las costillas—. Creo que vamos a aterrizar de emergencia.
Una vez en el aeropuerto de Gran Canaria, la situación se tornó desalentadora. Una densa niebla había clausurado el espacio aéreo por un mínimo de veinticuatro horas. Savvy contempló el vestíbulo atestado con una mezcla de impotencia y desesperación. No podía quedarse de brazos cruzados; la reunión con los socios de su padre en Tenerife era a primera hora del día siguiente.
—Ven, probaremos la suerte —le dijo a Brigett, intentando huir del caos, llevando a rastras su equipaje por si lograban tomar un vuelo comercial.
Eran casi las tres de la tarde. Savvy estaba a punto de sucumbir al pánico cuando escuchó a una pareja de ancianos hablar sobre un bote particular que saldría hacia Tenerife desde el Puerto de las Nieves. Aprovechando que Brigett se distraía con una llamada y su equipo negociaba un permiso de vuelo imposible, Savvy se acercó a los desconocidos. Tras una súplica desesperada, accedieron a llevarla. Sin mirar atrás, Savvy se escabulló en un taxi con ellos, cargando su pesada maleta y rogando no ser descubierta.
En menos de una hora alcanzaron el muelle. Allí, Savvy divisó al capitán: el señor Sheppard. No era el anciano de mar que imaginaba; aparentaba unos treinta y cinco años, atlético y bronceado, con una sofisticación que no encajaba en aquel entorno rural. Sus ojos azules resultaban intimidantes y su sonrisa, cargada de cinismo, dejó a Savvy descolocada.
—¡Señorita! El señor Sheppard necesita su equipaje —le indicó la señora Bler.
Savvy se sonrojó y entregó su maleta, solo para ver cómo el marinero la lanzaba sin miramientos.
—¡Oiga! ¡Tenga cuidado, por favor! —exclamó ella. Él la ignoró, masticando una pajilla.
—¿Es seguro este... cacharro para cruzar el canal? —preguntó Savvy con irritación.
—No se preocupe, señorita —respondió él con voz tostada por el mar—. Mi "cacharro" es tan fiable como cualquiera de esos barcos relucientes. Además, no pasará muchas horas a bordo.
Zarparon. Durante tres horas de travesía, Savvy intentó relajarse. Sin embargo, al hacer escala en la Puntilla de las Salinas, todos los pasajeros abandonaron la embarcación.
—¿Y él por qué se queda? —preguntó Savvy al verse a solas con el capitán.
—Porque aquí vive —se limitó a responder él, guardando provisiones en un viejo baúl de madera.
Savvy decidió quedarse a bordo ante la promesa de llegar en veinte minutos a Costa Adeje. Pero al retomar el rumbo, el clima cambió drásticamente. El cielo se tiñó de un gris plomizo y su celular perdió toda señal. De repente, la brisa se transformó en un vendaval y la oscuridad cayó sobre ellos. Savvy corrió hacia el timón, asustada por la violencia con la que Sheppard maniobraba contra las olas encrespadas. La lluvia estalló de pronto, acompañada de relámpagos.
—¡Resguárdese en el camarote! —le gritó Sheppard por encima del estruendo.
Savvy obedeció, refugiándose en una cabina que le pareció una pajarera infecta. El lugar olía a humedad y encierro, con ropa tirada y trastes sucios. Mientras el bote crujía bajo el embate de la tormenta, Savvy sintió que el pánico, finalmente, la reclamaba.
Notes:
¡Y finalmente aparece Sheppard! (O Robinson, para nosotros). Definitivamente no es el "anciano de mar" que Savvy imaginaba, ¿verdad? Su primera impresión fue bastante tensa.
¿Alguna vez has tomado una decisión impulsiva por miedo a enfrentar un problema, solo para terminar en una situación mucho peor?
Me encantaría leer sus teorías sobre Sheppard.
Chapter 4: A Donde nos Lleve el Viento
Summary:
El océano no perdona. Mientras la tormenta reclama su única posesión, Savvy descubre que el hombre al que llama Sheppard tiene más secretos de los que aparenta. Perdidos en el Atlántico, la supervivencia es ahora la única prioridad.
Notes:
Advertencia de contenido: Descripciones de naufragio y peligro inminente.
¡Hola a todos! En este capítulo la "supervivencia" comienza oficialmente. Por fin conocemos el verdadero nombre de nuestro capitán y vemos a Savvy perder su última conexión con el lujo. ¡Espero que les guste!
(See the end of the chapter for more notes.)
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Capítulo 3
—¡Dios mío! ¡Oh, Dios mío! —exclamó Savvy con la respiración entrecortada.
Los latigazos del viento y la lluvia golpeaban la estructura del bote con una violencia ensordecedora. Era la tormenta del aeropuerto; el monstruo climático que había desviado su vuelo y que ahora los devoraba en mitad del océano. Desafiar a la naturaleza no era una buena idea, y ella lo comprendía ahora, aferrada con todas sus fuerzas a uno de los postes del camarote mientras gritaba ante cada embestida de las olas.
Sheppard, por su parte, se mantenía en un silencio sepulcral. Luchaba contra el timón para alejarlos del corazón del oleaje, con el cuerpo empapado y el rostro castigado por muros de agua salada. Savvy, presa del pánico, intentó recorrer el camarote, pero caminar sobre una superficie que se inclinaba cuarenta y cinco grados con tacones de quince centímetros era una misión suicida. Parecía una ironía cruel que, en medio de aquel naufragio, ella aún luciera de punta en blanco.
Con manos temblorosas, se sentó en una esquina de la cama y se despojó de los zapatos para ganar estabilidad. Se puso de rodillas para orar; era lo único que podía hacer. De repente, sintió un movimiento brusco, una elevación violenta que la hizo sentir como si estuviera en una atracción de feria fuera de control. Se aferró al poste con el alma cuando el bote cayó de golpe. El sonido de algo quebrándose bajo sus pies la dejó helada.
Mucho tiempo después, cuando la noción de las horas ya se había disuelto, el balanceo perdió fuerza. Savvy salió del camarote hacia la proa, ignorando la lluvia que aún caía con persistencia. Divisó a Sheppard caminando de un lado a otro, tirándose de los cabellos en un gesto de frustración que la alarmó.
—Oiga, ¿qué le pasa? —preguntó acercándose con cautela—. Mantenga la calma, ya pasamos lo peor. Estamos cerca del próximo muelle, ¿verdad?
Él se detuvo frente a ella con las manos en la cintura y cerró los ojos, exhalando un suspiro pesado como si buscara las palabras para hablar con alguien que no entendía la magnitud del desastre. Finalmente, la miró fijamente. Sus ojos, en la oscuridad, resplandecían con una intensidad inquietante.
—Escúchame con atención —sentenció con una frialdad que helaba la sangre—. Savvy es tu nombre, ¿cierto? Bien, puedes llamarme Robinson. Necesito que mantengas la calma, porque de lo contrario no me servirás de nada. ¿De acuerdo? Esta es la situación.
Comenzó a explicarle tecnicismos sobre la tormenta que ella apenas procesó. Lo que sí entendió fue lo esencial: se habían alejado demasiado de la costa, la radio estaba muerta y el timón se había quebrado. Estaban a la deriva.
Robinson se acercó bruscamente y presionó su dedo índice sobre los labios de Savvy, sellando su protesta. —Sé lo asustada que estás; yo también lo estoy —admitió él, suavizando apenas el tono—. Pero gritar no remediará nada. Busquemos algo firme de lo que sujetarnos y esperemos.
Se sentaron juntos en una banca de la cubierta, asidos a las barandas. Pasada media hora, una brisa gélida comenzó a sacudir la embarcación. Savvy, temblando de frío, buscó refugio cerca de él. Para su sorpresa, Robinson la rodeó con un brazo, brindándole una calidez y seguridad que no esperaba encontrar en aquel desconocido.
—Nos hundimos —soltó sin preámbulos minutos después, tras volver de una inspección rápida—. El casco se perforó y el agua está entrando. ¡Muévete, no hay tiempo!
El estado de shock se disipó ante la urgencia. Lo siguió a cubierta, donde Robinson preparaba una balsa inflable. Savvy regresó al camarote por su maleta, negándose a caer en sus provocaciones sarcásticas. Al salir, Robinson ya había lanzado la balsa y aseguraba su misterioso baúl de madera.
—¿Te quedas o vienes? —le preguntó Robinson, ofreciéndole la mano.
Aceptó su ayuda y abordó el inflable. Él arrojó la maleta de Savvy y luego el baúl, que flotó como si estuviera lleno de aire. En un mutismo absoluto, emprendieron un rumbo incierto. Savvy contempló cómo la proa cedía lentamente ante el mar. Era un espectáculo deprimente, similar al del Titanic, pero Robinson parecía inexpresivo, casi presidiendo el funeral de su único hogar.
Despertó con el resplandor de un amanecer impresionante. Al abrir los ojos, la realidad la golpeó: estaba en una balsa con un hombre que parecía diez años mayor que el día anterior debido al cansancio.
—Luces bien —se burló él.
—Solo quería comprobar si realmente soy yo la que está aquí —replicó Savvy, mirándose en un pequeño espejo.
—¿Sabes dónde estamos? —preguntó, fingiendo una calma que no sentía.
—En medio de la nada —respondió él mientras consultaba una brújula—. La tormenta nos arrastró al sur, quizá cerca de Cabo Verde. Encontraremos tierra pronto.
Savvy supo que mentía. Leyó en su mirada que estaban perdidos. Se recostó contra el borde de la balsa. Mientras Robinson remaba sin descanso, ella se sumergió en sus pensamientos. No estaba preparada para enfrentar a Harry, ni para el escándalo que sus padres intentarían tapar. Se dio cuenta de que, a los veintiún años, su vida parecía haber sido escrita por otros.
Si logro salir de esta, pensó mientras el sol ganaba altura, dejaré de complacer al mundo. Viviré mi vida a mi manera.
Notes:
El bote se ha ido y ahora solo quedan Savvy, Robinson y un misterioso baúl en medio del Atlántico.
Si estuvieras en el lugar de Savvy, ¿cuál es ese ÚNICO objeto de lujo de tu "vida anterior" que habrías intentado salvar del naufragio a toda costa?
¡Nos vemos el próximo domingo a las 5:00 PM!

Sakuna_Vision1 on Chapter 1 Thu 22 Jan 2026 12:45AM UTC
Last Edited Thu 22 Jan 2026 12:46AM UTC
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